ánguelos terzakis
Ánguelos Terzakis nació en Nauplia en 1907. En 1915 su familia se instaló en Atenas. Su vocación literaria lo llevó a debutar en las letras en 1925 con una colección de relatos. Si bien ejerció brevemente como abogado después de licenciarse por la Universidad de Atenas, en 1936 presentó en el Teatro Nacional su primera obra teatral, El Emperador Miguel, tras la cual seguirían veintiuna más en una carrera literaria ya alejada del derecho.
Durante la guerra greco-italiana (1940-1941) lo destinaron al frente albanés. Más tarde dirigió las revistas literarias Pnoí, Logos y Epojés, y en 1947 comenzó a colaborar con el periódico To Vima como articulista asiduo (1947-1979) y crítico teatral (1947-1965). A partir de 1937 desempeñó en el Teatro Nacional las funciones sucesivas de secretario general, director artístico, director general, director de reparto y director de la Escuela de Interpretación. En 1969 lo honraron con el Premio de las Letras y las Artes de la Academia de Atenas y, al cabo de cinco años, lo nombraron académico.
Falleció en Atenas en 1979. Su obra (novela, cuento, ensayo, crítica, traducción) llega casi a los cincuenta volúmenes. Hoy día se lo recuerda, junto con Yorgos Seferis y Odiseas Elitis, como parte esencial de la generación del 30, la que cambió la historia de la literatura griega para siempre.
la ciudad violeta
«Compuesta con vigor, llena de páginas asombrosas… De los personajes más vivos».
I. M. Panayotópulos
«Los personajes de la novela se describen de modo claro y sustancial. Pensamiento y sentimiento, una filosofía más amplia sintetiza una obra nueva que satisface al lector verdaderamente intelectual».
Mijaíl Rodás
viaje con venus
«La novela, por la temática, puede recordar a El guardián entre el centeno, a El lobo estepario, pero está dotada de un estilo muy característico, casi delicado y al mismo tiempo de gran fuerza, con latigazos de una lucidez despiadada en medio de un mar de estilo sedoso en calma aparente, minucioso en la descripción del ambiente que en cada momento se respira, en una sutil mezcla de elementos atmosféricos y psicológicos. A ello se une el aroma a misterio que envuelve la trama, al torpe encanto de las supersticiones de un pequeño pueblo del Mediterráneo».
José Sánchez Tortosa